Los usos de Michel Foucault en la Argentina: la primera recepción

Por Hugo Vezzetti

Universidad de Buenos Aires

 

Me interesa destacar los usos por encima de las ideas. Con ello creo ser fiel a Foucault que dice: “no escribo para un público, escribo para usuarios, no para lectores”[1].

Hay dos condiciones o características generales de la recepción de Foucault en la Argentina. En primer lugar, impactó sobre diversas disciplinas y cuerpos de saber, de la filosofía a la historia, las ciencias sociales, el psicoanálisis. Foucault es un “nombre de un autor” que se pluraliza en los usos: hay un Foucault de la historia, de la filosofía, de las ciencias jurídicas, de las ciencias del hábitat y el espacio, del psicoanálisis. Segundo, llega por etapas. La propia obra se escribe y se difunde como una película en episodios, donde cada nuevo episodio obligaba a revisar y repensar el anterior: estructuralismo, las diversas arqueologías, la locura y la clínica, la disciplina y el poder, la sexualidad, la biopolítica y la ética. De allí la periodización necesaria de cualquier estudio de recepción. Lo importante, si se ponen en relación estos dos rasgos, es que los focos o espacios de lectura y apropiación dependieron de condiciones locales del campo intelectual y de los espacios discursivos o disciplinares que proporcionaron una superficie de ingreso y de implantación[2].

Entonces, si hay un “Foucault a la argentina” habría que explorarlo por esa vía: una pluralidad de usos que en parte se apoyaban sobre la propia obra pero sobre todo nacían de condiciones y de iniciativas que daban cuenta de una topografía y de cierta dinámica del campo intelectual y disciplinar argentino, incluso en los años de la dictadura; dado que mucho de lo que se produjo en el sentido de la circulación y los usos se dio en esos años.

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Sobre esa primera etapa de la recepción de Foucault, desde finales de los años sesenta a comienzos de los ochenta, quiero proponer un cierto recorrido de esas lecturas que se asociaban a ciertos problemas a los que su nombre quedaba asociado. Pero también querría señalar algunos malentendidos. Si se trata de leer a Foucault, no hay que olvidar lo que en inglés se llama misreading, que no es simplemente la lectura errónea sino productivamente desplazada o desenfocada.

Comienzo por lo más conocido: Foucault llegaba en el momento estructuralista. Y no llegaba solo. Llegaba con Levi-Strauss, Althusser y Lacan. En la recepción inicial de Las palabras y las cosas (traducido en 1968), por ejemplo, hubo poca lectura del libro, de la arqueología histórica de las ciencias humanas. Se destacaron dos cosas. La cita de Borges, que ha convocado y convoca todavía el entusiasmo argentino; pero por entonces casi nadie pasó del prólogo. El otro tópico era el antihumanismo (la “muerte del hombre” que desaparecía somo una huella en la arena), en sintonía con la recepción de Levi-Strauss y de Althusser. Por supuesto había también una recepción crítica desde un sartrismo en retirada. Pero casi no se leía la arqueología de las ciencias humanas en esos años; eso vino bastante después.

Foucault, Lacan y Althusser
Foucault, Lacan y Althusser.

 

 

 

 

 

 

Foucault no llegaba solo, dije; y querría desarrollarlo un poco. Hubo un juego de recepciones cruzadas, con Levi-Strauss, con Lacan y con Althusser. El nombre de Foucault, más que la obra, quedaba incorporado en dos espacios o núcleos intelectuales: el marxismo y el psicoanálisis lacaniano.

Es fácil advertir que esta derivación que no deja de tener resonancias foucaultianas: llegaba y se insertaba en una relación cercana a dos de los que Foucault llamó “fundadores de discursividad”: Marx y Freud. Pero allí radicaba también el misreading, el malentendido. Porque cierto marxismo lo incorporaba como una referencia bajo la sombra de Althusser y el círculo lacaniano lo hacía bajo la sombra de Lacan. Lo hacían de un modo particular: porque se trataba de espacios o redes dentro del campo intelectual que estaban empezando a formarse, alrededor de algunas figuras, fuera de la universidad. En esos años se armó un particular dispositivo de enseñanza que establecía ciertas series, desde los autores originarios (Marx y Freud) a los maestros franceses (Lacan y Althusser) y a los mediadores, los “pequeños maestros” locales: Masotta y Sciarreta, por ejemplo. No eran los únicos pero valen como un ejemplo de ese sistema de transmisión.

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Raúl Sciarretta.

Es importante atender a ese dispositivo material de recepción: los grupos de estudio privados (seminarios de lectura) que se extendían en esos años, sobre todo después de 1966. Y aquí quiero marcar una diferencia: porque el nombre de Foucault circulaba en esos grupos pero no existió un dispositivo de enseñanza en el caso de Foucault, como el que sí existió en el caso de Althusser y de Lacan; no hubo en su caso un “pequeño maestro” equivalente a esos nombres, Masotta o Sciarretta.

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Oscar Masotta

Esos dispositivos eran débiles institucionalmente, porque no había una asociación detrás ni un Partido (en el caso del lacanismo la hubo recién en 1974: EFBA); sin embargo armaban una formación de lecturas y de enseñanza bastante sólida, alrededor de esas figuras mediadoras o receptoras. En todo caso, una enseñanza más sistemática de la obra es algo que sucedió bastante después, en la universidad de la posdictadura.

También hubo un serie de equívocos de esa primera recepción. En el caso del marxismo: la crítica althusseriana al humanismo sintonizaba con el tema de la “muerte del hombre”, casi lo único destacado en esa primera recepción de Foucault. Había una zona de convergencia allí, en el nuevo humor antisartreano ¿Cuál era el equívoco? En esa convergencia se disimulaba el aspecto más urticante de la lectura que Foucault ofrecía de Marx en Las palabras y las cosas: la arqueología del marxismo lo situaba en la episteme del siglo XIX. De allí podía derivarse una crítica a toda ortodoxia marxista, incluso la althusseriana. Pero nadie siguió ese camino en ese momento.

En el caso de la recepción cruzada con Levi-Strauss hay algo parecido y hay diferencias. El pensamiento salvaje ya estaba traducido en 1964 y la Antrología estructural en 1968. Y hay un figura local que ofició de “pequeño maestro”: Eliseo Verón, que además se declaraba marxista, con lo cual los cruces argentinos de los autores franceses se hacían bastante complejos, porque Levi-Strauss nunca se acercó al marxismo. Pero Verón no se ocupó de Foucault y menos de la arqueología del marxismo; tampoco armó un dispositivo de grupos de estudios sobre la obra de Levi-Strauss; hubo enseñanza, que es previa, antes de la intervención en la UBA, en Sociología, hacia 1963[3].

En la recepción del lacanismo Foucault entraba, o bien bajo la sombra de Levi-Strauss (sobre todo por “La eficacia simbólica” y “El hechicero y su magia”, a partir de la indicación de Lacan) o bien bajo la de Althusser, a partir del texto “Freud y Lacan”. 43840830Era un momento de revisión teórica del psicoanálisis, que buscaba insumos epistemológicos en Althusser. Hacia los setenta, en la Argentina nacía algo que no existia en Francia, una suerte de teoría psicoanalítica althusseriana, que le otorgaba legitimidad a Freud y a Lacan en el espacio intelectual de la nueva izquierda. Se abría un espacio de confluencias y préstamos entre Freud (Lacan) y Marx (Althusser) y un nuevo campo de problemas: la epistemología del psicoanálisis que seguía el modelo de la “ruptura epistemológica” aplicado por Althusser a la obra de Marx. Aquí se la aplicaba a la obra de Freud: se descubría un “joven Freud”, previo a la “ruptura” que se situaba en La interpretación de lo sueños.

El “nombre de Foucault” circulaba en esos espacios, pero no la arqueología y llamativamente casi no se reconocía el lugar que le atribuía al psicoanálisis en el capítulo final de Las palabras y las cosas, como parte de la nueva “episteme” contemporánea.

Ahora bien, ¿qué Foucault efectivamente tuvimos? En principio, los usos que se han referido a su obra vinieron después, avanzados los setenta y durante la dictadura. Fueron usos despegados del humor estructuralista. En primer lugar, porque las obras que mostraban las investigaciones de Foucault llegaron en esos años. Salvo El nacimiento de la clínica, 1970, y la primera edición, abreviada, de Historia de la locura, 1967, que circuló poco. Las obras más influyentes fueron traducidas en 1976: la edición en dos tomos, de Historia de la locura; el primer tomo de La historia de la Sexualidad, Vigilar y Castigar y el libro sobre Pierre Rivière. Puede resultar paradójico; pero hubo una recepción y un uso productivos de Foucault en los años de la dictadura. Se puede pensar en la evocación de Sartre: “Nunca fuimos tan libres como durante la Ocupación”.

Justamente porque no hubo un dispositivo de enseñanza ni nada parecido a una ortodoxia, hubo usos bastante libres, circunscriptos a ciertos problemas.

Yo leía la Historia de la Locura, pero también El nacimiento de la clínica y Vigilar y Castigar para investigar en la historia de la locura en la Argentina; mi libro se publica en 1983.images

Un grupo de abogados, en torno de Enrique Marí, se interesaron por la penalidad y el castigo. Marí tenía una formación marxista althusseriana, había publicado un libro importante en ese sentido, antes de 1976. Pero hacia 1976 leía a Foucault por fuera del prisma estructuralista. Alrededor de Marí había un grupo de juristas (Ricardo Entelman y Enrique Kozicki) interesados en las relaciones entre filosofía, marxismo, derecho y psicoanálisis; muy atentos a la escena intelectual francesa. En 1982 se publicó El discurso jurídico. Perspectiva psicoanalítica y otros abordajes epistemológicos (Hachette). Ese grupo favoreció la difusión de los trabajos de Pierre Legendre: El amor del censor se había publicado en España en 1979. En ese libro hay usos diversos: Mari escribe sobre Pierre Rivière y sobre el panóptico, Kozicki sobre el discurso jurídico y el discurso psicoanalítico, Entelman sobre epistemología jurídica, T. Abraham sobre la ley y la norma, yo sobre locura y delito y la historia del dispositivo criminológico en la Argentina.

Otro espacio de recepción y lectura en esos años está ligado al campo psi: la Revista Argentina de Psicología de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires. El interés giraba en torno del psicoanálisis, la historia y la epistemología de las ciencias humanas. Hay un número (26, marzo 1980) que incluye una traducción de El juego de Michel Foucault. Es un diálogo con los psicoanalistas lacanianos sobre La voluntad de saber, publicado originalmente en Ornicar? Se publicaba junto con trabajos de Entelman, Sciarretta, Piera Aulagnier, mío e incluimos en un cruce con la historia, un texto de J. Ingenieros, La enfermedad de amar. Foucault entraba en ese cruce de discursos, con la historia, la epistemología y producía un efecto crítico, porque en una revista que era de psicoanálisis se incluía ese debate histórico y teórico sobre Freud y la teoría sexual.

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Finalmente, estaban los arquitectos interesados en la historia urbana y en la historia de la disciplina. También aquí se daban recepciones cruzadas con los trabajos de Manfedo Tafuri y Massimo Cacciari traídos y traducidos por Pancho Liernur, que venía de Italia. Llegaba un Foucault “a la italiana”, ligado a la tradición del marxismo italiano, muy diferente del que circulaba alrededor de los faros franceses, Levi-Strauss, Lacan o Althusser. Crearon en los años finales de la dictadura una institución paralela a la Facultad, La escuelita y se interesaban en Foucault. Los arquitectos estaban interesados en la historia y en la crítica de la disciplina y del espacio urbano. Sus problemas eran otros: el espacio y el poder, el habitar y los dispositivos materiales en la ciudad. Y por supuesto les atraía mucho el modelo del panóptico. La Escuelita fue algo parecido a un dispositivo de enseñanza que en pocos años se trasladó a la Facultad.

 

Agosto de 2014

[1] M. Foucault, “Prisons et asiles dans le mécanisme du pouvoir” [“Carceri e manicomi nel congegno del potere”], entrevista con M. D’Eramo; trad. A. Ghizzardi, Avanti, 78e anné, no 53, 3, marzo de 1974. En Dit et Écrits, vol. II, p. 524.

[2] Todo esto ha sido muy bien investigado en Mariana Canavese, Usos de Foucault en la Argentina (1958-1989): del hombre nuevo al fin de la primavera democrática, Tesis en co-tutela, Facultad de Filosofia y Letras, UBA, École des Hautes Études en Sciences Sociales, 2012.

[3] Ver Cynthia Acuña, La recepción del estructuralismo francés en el campo intelectual argentino de los años sesenta, tesis de doctorado, Facultad de Psicología, UBA, 2009. M. Canavese, tesis, op. cit., p. 54.

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