38 años después: Dictadura y psicología ¿una materia pendiente?

Por Fernando Polanco

La última dictadura argentina supone una serie de hechos conocidos por la mayoría de sus ciudadanos: a) que ocurrió el 24 de marzo de 1976; b) que fue un proceso

El primer presidente dictatorial Jorge Videla.
El primer presidente dictatorial Jorge Videla.

sistemático de persecución, tortura y desaparición de más de 30000 personas; c) que se secuestraron y dieron a otras familias como botín aproximadamente a 500 niños nacidos durante el cautiverio; entre otros elementos del mismo tenor. Sin embargo, no fue hasta fechas recientes donde se pudo comenzar a reconstituir el estado de derecho a través del cumplimiento de juicios legales y públicos. Donde aquéllos que tuvieron una participación activa durante este proceso político, cívico y militar, comenzaron a ser públicamente denunciados sufriendo las consecuencias legales por sus crímenes de lesa humanidad.

Esta dictadura, se inserta en un marco regional latinoamericano de gobiernos dictatoriales tecnocráticos, que incluso llevaron adelante un plan conjunto de persecución y desaparición de personas denominado Plan Cóndor. Las mismas se caracterizaron por realizar cambios profundos en las estructuras socioculturales. Que posibilitarían, según sus promotores, un buen y correcto desarrollo social y económico (Rodríguez & Soprano, 2009). Por ello:

Países involucrados…su aversión de las ideologías políticas, los políticos y los partidos políticos, su oposición a cualquier movimiento de masas o a su movilización desde la base. El ejército rechaza cualquier análisis de clase de su política, que interpreta siempre como favorable al bien común. El país no tiene más que apoyar la política, técnicamente correcta, que lleva a cabo una élite profesional de honrados patriotas (Sotelo, 1977, p. 89).

También se destacaron los aspectos antagónicos y muchas veces contradictorios del discurso de estos gobiernos. Por ejemplo, el discurso oficial de estas dictaduras propugnaba por un estado occidental, moderno, eficiente, que promovían políticas económicas de mercado libre y el intento de instauración de una sociedad moderna de consumo; que se encontraba en clara contradicción con la defensa de una cultura tradicionalista basados en la figura de la familia, el ser nacional y los valores de la moral cristiana, marcado por claros aspectos totalitarios de sus regímenes con claros rasgos xenófobos, antisemitas y falta de respeto por las normas constitucionales, elemento fundamental a cualquier estado moderno.

Acorde con las políticas de modificación estructural de la sociedad, la educación en general y la universitaria en particular, era vista como uno de los objetivos de cambio Chiste cierre universidadesestructural primarios, que además de promover un tipo de sociedad jerarquizada, liberal y dependiente; alejara a los jóvenes de las influencias externas contaminantes de la subversión marxista. En el caso de Argentina, se cerró una universidad, se intervinieron 26, se cerraron 96 carreras universitarias; se estipuló un sistema de vacantes que redujo el ingreso en un 25% en promedio en todas las universidades públicas, y se redujo el presupuesto universitario en un 45%. De las carreras universitarias de las ciencias sociales y humanas cerradas, además de psicología, se encontraban las carreras de sociología, antropología, y principalmente trabajo y asistente social (Buchbinder, 2012; Equipo de Educación del Comité de Solidaridad con el Pueblo Argentino, 1978). La Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), estableció que el 21% de los desaparecidos eran estudiantes.

Juan José Catalan, uno de los ministros de educación de la dictadura argentina, durante el año 1977 envió a todos los establecimientos educativos un folleto informativo llamado Subversión en el ámbito educativo (Conozcamos a nuestro enemigo). En éste

Apendice I - Subversión en el Ámbito Educativo
Apendice I – Subversión en el Ámbito Educativo

escrito se transmiten las concepciones distorsivas de país, guerra, educación, entre otros elementos relevantes de la constitución social de un país. Por ejemplo, se transmitió la idea de la guerra interior ideológica, con la cual justificar la desaparición y asesinato de personas contrarias al régimen. Como se señala específicamente en dicho manual:

Es así como el comunismo internacional hace la guerra y a veces derrota a Occidente, pese a ser más fuerte, pues seguimos aferrados a la nostálgica ilusión de paz… ‘La paz es la continuación de la guerra por otros medios’… Mientras para el mundo occidental la guerra resulta un hecho límite, el bloque comunista la utiliza permanentemente, encubriéndola con velos sutiles (Anónimo, 1977, p. 11).

Fue así que dentro de este proceso lleno de contradicciones explícitas e implícitas, en las instituciones universitarias con sus complejas estructuras sociales, políticas e

Fragmento de Listas Negras usadas durante la dictadura.
Fragmento de Listas Negras usadas durante la dictadura.

ideológicas, comenzaron a nacer espacios de lucha interna donde prosperaron las denuncias de compañeros de trabajo docente y no-docente, y de estudiantes. Las universidades se cubrieron con un velo de miedo y persecución, que llevaron a las prácticas más ruines para conseguir asensos y beneficios personales, hechos que uno podría definir como corrupción intelectual. Contrapuesto a esto, también nació el heroísmo y la práctica de la solidaridad humana que llevó a muchas personas a poner en riesgo su integridad y la de sus seres queridos, para ayudar a aquellos que eran perseguidos por dicho régimen. Así lo testimonian innumerables documentos y relatos de testigos.

Sin embargo, la historización y problematización de las diferentes aristas de esta época reciente resulta inacabada debido a que están cargadas de politicidad y subjetividad (Levin, 2012). Por eso cabe preguntarse: ¿Cuál es la implicancia ética de nuestro compromiso social y político como historiadores en una historia de la psicología de las dictaduras en Latinoamérica? ¿Cuál debe ser el marco de referencia de nuestras producciones: la sociedad, la historia o las disciplinas? Sobre todo si reflexionamos sobre lo que puede traer aparejado nuestras investigaciones en el presente y en las proyecciones del futuro de nuestras sociedades y de la disciplina.

Para responder a estas cuestiones, será fundamental definir nuestra postura acerca de donde ubicamos a la psicología como ciencia. De sus múltiples posibilidades de definición, podemos señalar al menos dos posturas extremas y antagónicas como ejemplo. Por un lado si nos ubicamos en una epistemología universalista y positiva donde el conocimiento no tiene historia, nuestro aporte será la de realizar homenajes y celebrar los descubrimientos de los grandes hombres. Por el contrario, si nos ubicamos en una epistemología dialéctica, sabemos que la reconstrucción del desarrollo de la Psicología deberá estar entrelazada a la reconstrucción del desarrollo social, y nuestra función será la de recuperar la historia para definir nuestra identidad, que nos permitirá garantizar nuestra soberanía, o sea, definir que queremos para nuestro futuro (J. Béria, comunicación personal, 22 de marzo, 2014; J. Bouchon, comunicación personal, 2 de febrero, 2014). Como señalaba Ignacio Martín-Baró (1987/1992):

Una ciencia que se quiera histórica debe mirar tanto al pasado como al futuro y, por tanto, no puede contentarse con reconstruir más o menos fielmente lo que se da, sino que debe esforzarse por construir aquello que no se da, pero debiera darse; no los hechos, sino “los por hacer”. En otras palabras, la psicología como ciencia debe afanarse más que en encontrar, en construir la verdad del hombre latinoamericano, y en ello debe estribar el mejor sentido de la predicción científica: no tanto en decir lo que va a ocurrir a partir de la situación actual cuanto en posibilitar lo debe tener lugar aportando para ello un saber dialéctico. (p. 15)

Entonces, cabría pensar que si una de las características principales de un proyecto de una historia crítica de la psicología es la repolitización junto con el trabajo riguroso de archivo y la sofisticación del análisis hermenéutico de dicha historia (Harris, 1990); queda claro que para aquellos que nos inscribimos en este modelo nuestros escritos ya no se pueden realizar desde una visión naíf, o celebratoria de la disciplina. Sino que debe encauzar por un lado el rigor de los datos con el compromiso crítico dirigido por los aspectos relevantes de desarrollo sociocultural de nuestros países. Y es este el contexto donde deben leerse los compromisos políticos, institucionales, y sociales de los historiadores de la psicología.

Fragmento de Listas Negras usadas durante la dictadura.
Fragmento de Listas Negras usadas durante la dictadura.

De cuan cerca o lejos estemos de alguna de las dos definiciones contrapuestas, antes mencionadas, dependerá nuestra decisión y certeza a la hora de investigar la corrupción ideológica de aquellos que abusaron en un estado inconstitucional de poderes especiales y que abusaron de estos para beneficio personal. Para unos esto no tendrá sentido, para los otros será una responsabilidad ética que debemos enfrentar para poder cumplir con nuestra misión de intelectuales críticos pero principalmente de ciudadanos comprometidos con nuestro contexto social.

Este compromiso también podría llevarnos a analizar las diferentes aristas históricas pueden haber tenido consecuencias en nuestras instituciones públicas y sociales. Recientemente, Ramiro Tau nos llamó a reflexionar sobre los escritos descontextualizados y desideologizados que en nuestros espacios curriculares ocupa la temática de la pena de muerte en particular y los derechos humanos en general. Es así, que en este sentido uno podría preguntarse: ¿El hecho de que estos textos circulen en nuestras carreras de psicología está relacionado con una falta de reflexión y/o parecer de nuestra historia y contexto social propio? Ya que por ejemplo, en nuestro país se ha adolecido de un proyecto de psicología histórica que realice un análisis serio de las contradicciones implícitas que implicaba la moral cristiana promovida por el último gobierno dictatorial y la pena de muerte establecida por este mismo gobierno a través de la ley 21.338.

Otras relaciones que quizás valdría la pena analizar relacionados con nuestra historia reciente, es la del carácter cada vez más evidentemente político que ha adquirido la comunicación en el campo político y social. En este sentido, quizás sería muy provechoso realizar estudios históricos sobre las teorías psicológicas implícitas y  la participación de psicólogos y profesionales que asistieron los usos de los medios de comunicación y la propaganda durante todo el régimen dictatorial, tanto para impartir sus creencias ideológicas como así de alguna manera para ser el “brazo ejecutor del gobierno invisible” (Barney, 1928/2008, p. 28).

El análisis de la historia de nuestra disciplina y de los aspectos psicológicos que han atravesado la historia de nuestra Latinoamérica, también nos puede permitir realizar lecturas críticas de los actuales rasgos de prejuicio, racismo, sexismo y demás elementos de violencia social e ideológica con un fuerte contenido militar que aún atraviesan nuestros países. Por ejemplo, habría que estudiar las semejanzas y diferencias entre las prácticas violentas y autoritarias de la dictadura y las que encontramos en nuestros países en el contexto actual, para ver de qué manera nuestra disciplina ha contribuido o no, a solucionar dicha problemática psicosocial.

Por otro lado, debemos reconocer seriamente que las democracias de muchos de nuestros países todavía son endebles y proclives a sufrir una fuerte desestabilización, ante presiones políticas de los países centrales, como así también ante problemáticas económicas y sociales. Basta recordar los recientes hechos de Venezuela, Honduras, Paraguay, entre otros. Con lo cual, deberíamos contraponer la psicología de las décadas de los años 1970 con la actual, para ver cuál es el grado de participación activa que está manteniendo nuestra disciplina en el mantenimiento del estado de derecho garantizado por la democracia.

Finalmente, los historiadores de la psicología en Latinoamérica muchas veces para evitar un presentismo, mal entendido a mi parecer, hemos escapado a un serio análisis socio-político de nuestras estructuras curriculares y profesionales, ya que no hemos sido capaces de transitar lecturas que nos permitan leer críticamente nuestras carreras de psicología. Lo que nos llevará a preguntarnos si estas están relacionadas o no los programas que se instauraron en nuestros países agobiados por prácticas autoritarias; sí la psicología responde o no a las problemáticas de nuestros países y sí esto estuvo relacionado con recepciones muchas veces pasiva y con un fuerte carácter de dominación cultural consecuencia de la alienación y de la falta de conciencia de nuestro propio contexto de desarrollo. Cabría preguntarse finalmente, si muchas de las prácticas de participación política de los estudiantes y de la sociedad en general, que se venían llevando a cabo antes de la dictadura se restablecieron o no, con la intención de recuperar para nuestra memoria histórica las formaciones y prácticas genuinas de una psicología latinoamericana.

Juicios de lesa humanidadEs por ello, que la conmemoración del 38 aniversario del golpe militar argentino, nos puede servir para realizar un importante análisis personal, sociopolítico, e institucional de nuestro campo. Instándonos a repensar nuestra importante función y responsabilidad social, que nos ayude a pensar y analizar la psicología en la América Latina que nos toca transitar, y proyectar que disciplina necesitamos para la América Latina que quisiéramos para el futuro. En este sentido debemos reflexionar acerca de si seguimos transmitiendo una historia descontextualizada y sin el significado de las luchas de aquellos que se interesaron por una sociedad más igualitaria; o si por el contrario, retomaremos la misión de reconstruir la historia de una disciplina en su contexto para recuperar nuestra soberanía, para decidir que disciplina queremos para nuestros países.

Referencias

Anónimo (1977). Subversión en el ámbito educativo (Conozcamos a nuestro enemigo). Buenos Aires: Ministerio de la Nación Argentina.

Barney, E. (1928/2008). Propaganda. España: Melusina.

Buchbinder, P. (2012). Historia de las Universidades Argentinas. Buenos Aires: Random House Mondadori S. A.

Equipo de Educación del Comité de Solidaridad con el Pueblo Argentino (1978). Informe: La política educativa de la junta militar en Argentina. Cuadernos Políticos, 17, 102-113.

Harris, B. (1997). Repoliticising the History of Psychology. In D. Fox & I. Prilleltensky (Eds.), Critical Psychology. An Introduction (pp. 21-35). London: Sage Publications.

Levín, F. (2012) El pasado reciente entre la historia y la memoria. Clase 1.b.: Pasado reciente e historiografía. En La historia reciente como desafío a la investigación y el pensamiento en ciencias sociales. Buenos Aires: CAICYT/CONICET.

Martín-Baró, I. (1987/1992). Retos y perspectivas de la Psicología en América Latina. En Homenaje a Iganacio Martín-Baró (pp. 5-22). Bogotá: Pontifica Universidad Javeriana.

Rodríguez, L. & Soprano, G. (2009). La política universitaria de la dictadura militar en la Argentina: proyectos de reestructuración del sistema de educación superior (1976-1983). Nuevo Mundo Mundos Nuevos [En ligne], Questions du temps présent, mis en ligne le 09 mai 2009, consulté le 21 mars 2014. URL : http://nuevomundo.revues.org/56023.

Sotelo, I. (1977). Modelos de explicación del militarismo latinoamericano: una interpretación histórica. Revista de Sociología, 7, 65-89.

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